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Mi vida de poeta es algo loca, desubicada,
nació libre mirando el cielo tomando estrellas en sus manos,
buscando la magia.
Entre algodones de feria pasaba el tiempo, todo desaparecía, (la inocencia).
Lo vivo fue apaleado por razones no entendibles, caminó sin forzar caída pero, se levantaba sacándose los ojos para creer que la vida seguía, y siguió.
La hice ritual en la intimidad,
la volví mí mejor amiga confidente de mis penas y flaquezas,
le alabé lo bueno, la disfracé de muchas capas, como arena, árbol, a veces girasol.
Amé el tiempo pero, lo descarté como estilo de vida,
mi corazón existía como reflejo.
Aquí estoy nuevamente naciendo con impulso,
mirando, mirando.
Pero que puedo decir cuando sombras acechan y el brillo sonríe de lejos,
la vida se vuelve buena entre espejismos.
Me encuentro muchas veces sonriéndome dándome espaldarazos a solas en cualquier sitio a rastras,
mi alma es trasparente mis ojos igual, no puedo mentirme ni negar lo sentido, pasado,
a veces soy animal impuro que se balancea sin cordura sobre hilos,
a veces soy viento que vuela y despliega la propia vida como muerte, al pensar que todo muere y todo es eterno, alguna vez traspasé el eter y quedé suspendido entre mi cuerpo y el techo del cielo, que es cielo porque es infinito,
me colgaba de mis carnes, caía dentro de ellas nuevamente, me encajaba incómodamente, volvía a palpitar en un cuerpo que envejece,
no me soy vendido en el mercado de esclavos ni me vendo a los sentidos, funciono completo y muero a medias.
Sigo aquí contigo, que lees y piensas, quizás digas pobre loco,
esta vivo y desencajado,
o quizás te veas en algún segmento donde la sangre se vuelve azul siendo roja, o me agarras la mano para volar juntos sin un cuerpo que sea estorbo para reconocer la grandeza, que siempre estuvo cerca, tan cerca que se volvió olvido.
Puedo ser niño necesitar de un pecho que amamante, que me cobije en las madrugadas cuando sienta la falta de un vuelo de amor,
también puedo ser una roca tendida en el camino,
pero al final de todo, soy arroyo nacido entre tus manos.
Soy de ir hasta el final, sin pañuelos blancos, ni lágrimas abatidas, sigo en pie, con mi pecho a prueba de balas,
pobre poeta vuela y vuela,
no té queda más por hacer,
es tu amada,
búscala,
que ella es todos tus poemas.
Ahora me voy tengo hambre,
comeré en aquél restaurante
pasta con bolas de carne,
a precio módico.
¿Pero sabes algo vida?
Los escritos que me inspiras,
quizás,
los lean Ángeles en el cielo.
o quizás me entierres
en una ceniza.
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